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Poema
Ana María Zancada (Marzo 1995)
( Homenaje al Día Internacional de la Mujer - programa 06-03-05 )
Canto humildemente a la mujer que está sola y espera.
Espera que el hombre vuelva su rostro hacia ella.
Canto a la "percanta que amuró en lo mejor de la vida",
a la prostituta que apoyada en sus tacones torcidos espera.
Espera que una mano la acaricie sin sexo.
Canto a la mujer médica que eligió el camino del dolor ajeno,
para intentar trocar muerte por vida, y espera.
Espera que el hombre, cuando ella vuelva, la espere
con una taza humeante y un silencio expectante.
Canto a la mujer que siente como su corazón se seca
día a día por falta de ternura, y espera.
Espera inútilmente al príncipe azul que no fue.
Canto a la ciruja, que no tuvo nunca nada, que ni siquiera
tiene abrigo para el frío del invierno mientras espera.
Espera revolviendo con sus manos gruesas la basura,
como buscando sueños donde sólo hay mugre.
Canto a la mujer estéril, que desanda sus noches
por una escalera de lágrimas mientras espera.
Espera encontrar en las estrellas el brillo de dos ojitos
que la miran desde el vacío de la eternidad.
Canto a la mujer madre que sentada en un rincón del patio,
ve elevarse la sonrisa de sus hijos como globos de colores, mientras espera.
Espera un mundo en paz para este siglo que comienza.
Canto a la niña en la calle que sola y perdida deambula
con su manita estirada en una súplica muda, mientras espera.
Espera?... Un castillo de ilusiones rotas.
Canto a la maestra que con paciencia infinita dirige los torpes deditos
de una pequeña mano en sus primeros intentos, mientras espera.
Espera el milagro de un mundo de letras, de música y sonido con ecos.
Canto a mi madre que en su intuitiva sabiduría me enseñó
a valorar la sencillez de las cosas.
Canto a mis hijas a quienes quisiera legarles todas las sonrisas.
Canto a la mujer artista que escribe, pinta, compone, modela y espera.
Espera con las manos abiertas la belleza ulterior de las cosas.
Canto al ama de casa que en su condición de objeto aún espera.
Espera el milagro de cada día con la inocencia prístina de
un rayo de sol en una gota de rocío.
Canto a la mujer ancestral, que elevándose a través de los siglos
protege la vida como milagro divino.
Canto humildemente a la mujer anciana, la de los ojos húmedos y
transparentes, la que sentada en el atardecer espera.
Espera la ternura, la palabra y no el olvido.